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Malas noticias para los más pesimistas: no hay mal que cien años dure y la crisis tampoco lo hará. Los más optimistas empiezan a ver síntomas de mejora y, quien más y quien menos, empieza a intuir que hay luz al final del túnel. Hasta ahora, la máxima era mantenerse en pie mientras durara el temporal. Las estrategias en la mayoría de las empresa eran conservadoras, minimizando riesgos y, por supuesto, costes. Quienes reaccionaron temprano frente a la situación de crisis han tenido fuertes ventajas frente a los que no fueron tan rápidos.

Sin embargo, ese saber adaptarse, debe seguir evolucionando y hay que saber cuándo cambiar la estrategia de juego. Ante los tímidos (algunos incluso dirán timidísimos o imperceptibles) síntomas de mejoría, hay que estar atento para aprovechar lo antes posible el viento a favor. De la misma manera que se establecen planes de contingencia frente a los malos tiempos ¿por qué no realizar planes de contingencia para los buenos tiempos? No es cuestión de olvidar las lecciones aprendidas, sino de adaptarnos a nuevas realidades.

Igual que los momentos de crisis, el marketing juega un papel crucial en cualquier estrategia, en momentos de recuperación y de bonanza económica, también es una herramienta imprescindible. Las grandes empresas lo tienen muy claro pero ¿y las pymes? ¿Cómo pueden adaptar sus estrategias de marketing a la situación del mercado? Esta reflexión es un punto clave en la supervivencia y evolución de cualquier empresa, sea cual sea su tamaño y mercado.

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