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A veces en las empresas, como en la vida, las cosas no van de la manera que nos gustaría. Empiezan a fallar algunos puntos de apoyo y de repente un día te das cuenta de que todo es un auténtico caos. No se suele hablar mucho de estos momentos porque parece que va en contra del positivismo y buen rollo que hay que tener siempre, y en especial en internet, donde estás expuesto a la mirada pública. Sin embargo, yo hoy quiero hablar de ese momento, cuando todo va mal y parece que la única salida es tirar la toalla. Quiero hablar de este momento porque es un momento real, que todo el mundo y todas las empresas atraviesan. Así que, si estás en uno de esos momentos, recuerda que no solo te pasa a ti.

Cuando las cosas van mal

 
Pero además estos malos momentos existen por un motivo. O más bien por dos. Por un lado, si todo fuera fácil, nos acomodaríamos y nos convertiríamos en meros burócratas que día a día repiten las mismas tareas de igual forma. Los malos momentos, son el aliciente que necesitamos para ponernos a prueba, para buscar nuestra mayor fortaleza, para demostrar al mundo y a nosotros mismos de lo que somos capaces. El otro motivo, es casi el contrario, el día a día nos desgasta, la rutina nos adormece… y de pronto los problemas se vuelven más grandes de lo que eran. Nos pillan con la guardia baja y se apoderan de la situación.

Todo tiene solución

  1. Lo primero es recordar siempre que no eres el único al que pasa y que cualquier situación es temporal. Las “malas rachas” también se acaban. Hay que aprenden a relativizar los problemas, incluso los grandes.
  2. Simplifica los problemas. Las “malas rachas” se caracterizan porque muchas cosas malas ocurren a la vez. Es muy frustrante levantarte dispuesto a luchar y darte cuenta que ya no es un fuego el que hay que apagar si no cinco. Párate un momento y piensa en todo lo que conlleva tu “mala racha”: la empresa vende menos, el almacén se queda pequeño para el stock, los materiales se deterioran, el jefe de almacén se rompe un pie, la fotocopiadora se estropea… Enumera todos los frentes abiertos y casi tienes hecho el paso 3.
  3. Identifica el Gran Problema y céntrate en él. No te despistes con otros frentes, eso lo podrás arreglar más adelante. En el ejemplo anterior, puede que el Gran Problema sea que el stock se queda obsoleto y por eso las ventas han bajado y el almacén se queda pequeño. No te despistes con la fotocopiadora. Tu objetivo es solucionar el Gran Problema, lo que nos lleva al punto 4.
  4. Busca una Gran Solución para el Gran Problema. No quieras solucionar varias cosas a la vez porque no existen las soluciones “navaja suiza”. Siguiendo con el caso anterior, está claro que hay que reducir el stock. Aquí es donde tienes que lucirte. Busca ideas innovadoras. Repetir lo que has hecho hasta ahora no va a llevarte a ningún sitio nuevo.
  5. Si crees que tú solo no puedes: busca ayuda

¿Y esto qué tiene que ver con el marketing? 

Todo y nada. Dependiendo del Gran Problema, la solución puede venir del marketing, pero quizá sea una solución financiera la que necesitas. Depende. En todo caso, para llegar hasta aquí has tenido que pasar por una fase vital en marketing: identificar objetivos y centrarse en ellos. ¡Ah! Y por supuesto, no olvides que si el marketing es la Gran Solución, puedes llamarnos cuando estés en el punto 5.

¿Alguna vez te has sentido en una “mala racha”? ¿Cómo le has hecho frente? Cuéntanoslo. Entra sin llamar.

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