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Si hay alguien que ha cosechado éxito en los negocios en nuestro país, esos son “los chinos”. Puede que tengan sus más y sus menos pero ¿ha visto alguna vez alguien una “tienda de chinos” que haya cerrado? Empezaron con los negocios de los veinte duros ¿recordáis? De ahí, pasaron a las tiendas de alimentación, de ropa, y, cada vez más, con bares y tabernas.

Más allá de las recientes noticias sobre mafia y blanqueo de dinero, las ventajas fiscales que puedan tener o ventajas externas, los negocios regentados por la comunidad china se han convertido en una competencia fiera y real de mucho pequeños negocios de barrio. Por esto, no está de más, que se evalúen sus estrategias:

  • Ofrecen flexibilidad horaria, parece que siempre están abiertos ¿o es que siempre lo están?
  • Tienen los precios más bajos, o eso, al menos, es lo que todos pensamos (el gran y venerado POSICIONAMIENTO)
  • Constantemente diversifican sus negocios, o lo que es lo mismo, se meten en todos los charcos.

Evaluando estas estrategias podemos pensar en cómo podemos hacer frente a nuestros competidores. Por ejemplo, sin aspirar a las largas jornadas en las que estos establecimientos abren sus puertas, un comercio de barrio puede revisar su horario y comprobar si, realmente, es el más interesante para sus clientes. También existe la opción de la venta por internet (no se trata de convertirse en Amazon, pero, pequeños comerciantes: internet existe).

Bajar los precios puede ser complicado, pero aún lo será más intentar posicionarse como el más barato (los clientes ya saben quién es el más barato: la tienda de los chinos). Sin embargo, directamente relacionada con la idea de “los más baratos” está la idea de que sus productos no son de gran calidad. Entonces, ¿por qué no ofrecer esa calidad que ellos no ofrecen? Por ejemplo, una panadería puede ofrecer bizcochos caseros (que no se olvide de la jornada de degustación, por favor). Además, podemos pensar, ya no solo en la calidad del producto, sino también del servicio ¿a alguien le saludan en estos establecimientos por su nombre?

En cuanto a la diversificación, para mí es el resultado de la más admirable característica de este colectivo: no tienen miedo a nada, no se ponen límites. Ante esto, en mi opinión, sólo hay una alternativa: imitarles. No debemos limitar nuestro negocio ni nuestra mente. Esa será, en realidad, la única manera de encontrar nuevas salidas.

Sólo me queda decir: ¡Suerte! Al fin y al cabo estamos en el Año del Dragón.

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