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En varias entradas de este blog, hemos destacado el papel crucial que tiene la definición previa de objetivos a la hora de diseñar un evento. Hoy queremos destacar un punto de vista, a veces menospreciado, a la hora de organizar eventos empresariales. En la mayoría de los casos, cuando se organizan eventos como actividades de marketing o comerciales, el objetivo final es “vender más”. Lógicamente, así expuesto se trata de un objetivo demasiado vago en el que siempre hay que profundizar ¿se trata de vender nuevos productos? ¿se trata de captar nuevos clientes? ¿se trata de aumentar las ventas en cada cliente actual?
Concretando los objetivos conseguiremos focalizar el evento para la consecución del mismo. Ahora bien, la siguiente pregunta que se nos plantea es ¿cómo vamos a lograr ese objetivo? Ante esta pregunta, la reacción natural es concentrarse en la reacción de los clientes ante el evento. Sin embargo ¿qué implicaciones tiene el evento para el departamento comercial? Ésta es una pregunta clave en el diseño del evento.
Gracias a un evento, los comerciales deben sentirse más seguros ante su labor, puesto que han podido estrechar lazos con el cliente y realizar su trabajo en un marco diferente al habitual, más relajado y dinámico que los despachos o lugares donde habitualmente se desarrollan.
Para que esta consecuencia se produzca, el evento debe estar orientado al networking, con espacios y tiempos adecuados para la interrelación de los asistentes. De esta manera, conseguiremos aumentar la autoconfianza y la vinculación de los comerciales con los clientes y con la empresa. ¿Hay una base mejor para la generación de ventas?
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