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Hace tiempo que todo tipo de empresas colaboran con algunas ONGs donando parte de sus ingresos a éstas. Seguro que conocéis el caso de la marca de compresas Ausonia que colabora con la Asociación Española contra el Cáncer (aecc) o la más reciente campaña “Edición Recuerda” de la Fundación Reina Sofía donde 30 empresas españolas de primer nivel han lanzado una edición especial de sus productos y servicios cuyos ingresos irán destinados a la investigación contra el Alzheimer.

Aunque son dos tipos de campaña diferentes, ambos tienen consecuencias positivas para la ONG. La mencionada campaña de Ausonia, por ejemplo, ha ayudado a financiar un proyecto de investigación contra el cáncer de mama de tres años de duración con una cantidad fija de 400.000 euros.

Por otro lado, en principio, la imagen de las empresas que se prestan a este tipo de acciones se refuerza y se asocia a valores positivos Sin embargo, si la colaboración está mal gestionada, ya sea por la campaña en sí como por una mala comunicación, la empresa puede obtener una posición oportunista que dañe su imagen. Es esencial que los términos de la campaña le queden claros al cliente y que la colaboración sea sincera, con proyectos de interés para la empresa que, de esta manera, se implicará más para conseguir los mejores resultados de cara a la ONG.

Otro punto interesante a tener en cuenta es que este tipo de campañas no son un coto cerrado a las grandes marcas. Las empresas pequeñas también pueden hacerlo y de una manera incluso más cercana ayudando a asociaciones de la población donde están ubicadas, por ejemplo.

Pero finalmente, ¿de qué estamos hablando? ¿Más de marketing o más de solidario?

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