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Por mucho que avancen las herramientas comerciales, hay un clásico que no puede faltar en ninguna empresa: las tarjetas de visita. Vas a ver a un cliente, le cuentas las bondades de tu producto o servicio, lo buena que es tu empresa y todas las maravillosas herramientas que puedes aportarle, pero cuando te vas de allí, es necesario que le dejes tu tarjeta para que te recuerde y sepa cómo contactarte. Puede parecer que las tarjetas de visita son algo sin importancia, pero en realidad conviene tener una serie de características a tener en cuenta.

Información que debe contener

Desde mi punto de vista, y sobre todo para el caso de las pymes, la tarjeta de visita debe proporcionar dos tipos de información: aquella que permitirá a la otra persona recordarte y la información que le permitirá contactar contigo. Para cumplir la primera función, habrá que incluir la información del tipo nombre de la empresa, cargo y cualquier información adicional que permita “poner cara” a la tarjeta. En cuanto a la función que debe cumplir una tarjeta de visita para que puedan contactar contigo, tú decides qué información es relevante. Si no atiendes nunca el móvil, no deberías ponerlo, pero si estás todo el día conectado a las redes sociales, entonces éstas sí deberían estar incluidas. No conviene saturar la tarjeta con información, sobre todo si no es relevante. Pero tampoco conviene quedarse corto y que la tarjeta no resulte útil para la venta.

Diseño, a regla es que no hay reglas

El diseño, a pesar de ser lo más llamativo, es lo que menos reglas tiene. No hay límites y todo vale en cuanto a diseño: colores, formas… todo está permitido (siempre que sea legible) para hacer que la tarjeta destaque entre las demás. Partimos de la base que lo que puede ser atractivo para alguien, a otro puede parecerle horrible, por tanto, a pesar de que hay que cuidar al máximo la estética, las pautas previas deben ser más genéricas. El diseño debe estar vinculado a dos aspectos: la imagen de la empresa y el presupuesto. La imagen de la empresa influye a la hora de elegir colores y el estilo de la propia tarjeta. Por ejemplo, si se trata de una empresa que se dedica al mundo de la música tendrá una imagen más divertida que la tarjeta de un bufete de abogados. El presupuesto influye sobre todo a la hora de diseños más complejos que la tarjeta tradicional, por ejemplo en tarjetas que incluyen algún corte especial o que incluyen una parte doblada, etc. Todo este tipo de características ofrecen a las tarjetas una apariencia distintiva pero también encarecen sustancialmente el precio por lo que habrá que valorar si realmente interesa.
Además hay que tener en cuenta si queremos una tarjeta a una cara o a doble cara. De nuevo, nos movemos en el mundo de los gustos personales. En mi opinión, utilizar las dos caras es vital cuando hay demasiada información que incluir. Es preferible dejar parte de la información para la cara B que ofrecer una tarjeta con tantos datos que no sea clara. Una opción sería, dividir la información corporativa y la información personal, por ejemplo.

Acabado de calidad

En este  punto hay ponerse serios. ¿Llevarías una camisa con una mancha de tomate en la visita a un cliente? ¡Pues no lleves tarjetas de baja calidad! Todos hemos visto ofertas asombrosas que por dos duros nos hacen las tarjetas, pero el resultado suele ser tarjetas demasiado finas, donde la tinta mancha, con diseños encorsetados y, en definitiva, una calidad pésima. Es importante buscar un nivel de calidad acorde con la calidad de nuestra empresa y nuestros productos y trabajar con empresas que nos ofrezcan unos niveles de calidad que necesitamos. 
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